En la infancia, el cerebro es especialmente plástico: cada experiencia moldea conexiones neuronales que influirán en el aprendizaje, las emociones y la conducta. En este contexto, tanto la música como las pantallas forman parte del entorno cotidiano de muchos niños. Sin embargo, su impacto no es el mismo, especialmente cuando hablamos de uso excesivo. La educación musical ha demostrado ser una herramienta poderosa para el desarrollo cerebral. Cuando un niño canta, toca un instrumento o simplemente escucha música de manera activa, se activan múltiples áreas del cerebro al mismo tiempo. Esto incluye regiones relacionadas con el lenguaje, la memoria, la atención y la coordinación motora. Además, la música fortalece habilidades como la disciplina, la escucha activa y la regulación emocional. No es casualidad que muchos pedagogos consideren la música como una vía integral de aprendizaje. Por otro lado, las pantallas —tabletas, celulares, televisión— también pueden tener un valor educa...